El faro, la locura en blanco y negro

1/1 · Por HBO

HBO Mundi nos trae El faro, un film de Robert Eggers lleno de drama, horror y con mucho de arte y cine de autor. Willem Dafoe y Robert Pattinson se enfrentan con toda la fuerza de su talento y entregan actuaciones estremecedoras.

El faro, una lucha contra la locura protagonizada por Willem Dafoe y Robert Pattinson

Willem Dafoe es un gran actor. A nadie le cabe duda de su increíble talento, de su carrera repleta de personajes magníficos y retadores. Recientemente lo pudimos ver en Van Gogh: en la puerta de la eternidad (2018). Robert Pattinson es un actor mucho más joven (tiene treinta y cuatro años y Dafoe sesenta y cinco) y viene buscando situarse en papeles que le den dignidad a su carrera. Se equivocan quienes sólo lo piensan como el vampiro sensual de la saga de la comercial Crepúsculo. Lo hemos visto trabajando con un director de filmes extraños y duros como David Cronenberg en Cosmopolis (2012) y en Maps to the Stars (2014), con David Michôd en The Rover (también de 2014), con el ya inmortal Werner Herzog en Queen of the Desert (2015), con James Gray (quien ha dirigido a Joaquin Phoenix y a Brad Pitt) en The Lost City of Z (2016) y con la francesa Claire Denis en High Life (2018), entre otros. Próximamente lo veremos como Bruce Wayne/Batman, sin duda uno de los roles más codiciados en los últimos tiempos, y por el que han pasado desde hace más o menos tres décadas actores de la talla de Christian Bale, Michael Keaton, Val Kilmer y Ben Affleck.

 

Willem Dafoe y Robert Pattinson en el Faro

Robert Eggers, un director de propuestas que abren caminos

Estos dos actores se han juntado en El Faro (The Lighthouse) bajo la tutela de un director que con su primer film nos dejó deseando más. Estamos hablando de Robert Eggers, quien en 2015 entregó un film que ya podría llamarse de culto: The Witch: A New-England Folktale (La bruja), incluido entre las propuestas que están aportando una nueva mirada al cine de terror pero también al cine fantástico y de arte. Este primer film se inscribió en lo que podemos llamar folk horror, un subgénero del horror cuyas historias se adentran en un entorno natural donde un grupo de personas parecieran mantener algún secreto. En ocasiones, suele haber un elemento sobrenatural, relacionado con sectas, cultos o brujería. El folk horror puede documentarse desde las primeras historias de vampiros con Nosferatu de Murnau en 1922, con Vampyr en 1932 o Dies irae en 1943, ambas de Carl Theodor Dreyer. Tomando mayor fuerza lo encontramos a finales de los sesenta y en los setenta con una buena cantidad de películas, entre las que se encuentra la canónica del subgénero, The Blood on Satan's Claw del año 1973, dirigida por Robin Hardy. En ese sentido, Eggers, con The Witch viene a ser uno de los directores más representativos de la revitalización del folk horror. Aquel su primer largo, dejó abiertas muchas expectativas. Eggers, sin embargo, no se apresuró, y por fin, cuatro años después, regresó con El faro. Los resultados fueron, a toda vista, notables.

 

WIllem Dafoe y Robert Pattinson

El faro, una puerta hacia otras dimensiones

En El faro, asistimos también a un entorno natural. Esta vez nos encontramos en una inhóspita isla de Nueva Inglaterra, a finales del siglo XIX. La cinematografía en blanco y negro ayuda a acentuar la rudeza del sitio que siempre se antoja a punto de tormenta. La isla pareciera tener vida propia, como si pudiera además convocar puertas de la muerte y la locura. Thomas Wake, interpretado por Willem Dafoe, llega a aquella roca junto con su joven ayudante Ephraim Winslow, personaje a cargo de Robert Pattinson. Wake ya conoce el sitio, aquel, digamos es su faro. Winslow, por el contrario, está allí por primera vez. Ambos son personajes adustos, golpeados por una vida dura, como si se hubiesen dado contra las olas y los escollos una y otra vez. El farero veterano parece esconder un misterio, algo arriba, en la luz del faro, allá donde Winslow tiene prohibido pasar. Poco a poco, las cosas se van volviendo cada vez más oscuras, retorcidas. Como venidas de una zona rota entre dos dimensiones, pareciera que algunas criaturas letales ya traspasan los portales. Allí, por ejemplo, la que se muestra (no sabemos si en la realidad o en el delirio) como una deseable y al mismo tiempo repulsiva sirena, interpretada por la modelo Valeriia Karaman.

Todo es extraño en el faro y en la isla, todo tiene un aire de mundo anterior a la humanidad. Ambos personajes, por su parte, se ven cada vez más sometidos a la presión de la soledad, del aislamiento. De a poco, la máscara civilizatoria se va resquebrajando y algo, muy de adentro, muy animal o ancestral, surge en ellos, y los desata, y los hunde.

 

Willem Dafoe

Un viaje a las mitologías del folk horror

Acá Eggers, una vez más se adentra en el universo de los mitos, de las historias que ocultan sus símbolos o significados en los más profundo de los tiempos. Si con The Witch investigó en antiguos ritos paganos del medievo relacionados con la brujería, en esta ocasión el cineasta se alimenta de la antigüedad griega, por lo que, podríamos decir, Eggers nos entrega una vez un film de folk horror bastante particular. Allí está la naturaleza como ente peligroso, los personajes cargados de oscuridades y el regodeo en los mitos y las fábulas. En ese sentido, el faro, como símbolo de la llama, llevará a la figura de Prometeo, aquel que robó del Olimpo el fuego y fue castigado por los dioses. El mismo Eggers ha hablado del pintor Jean Delville y su pintura de Prometeo como fuente de inspiración. También se asomará la figura de Proteo, aquel dios huidizo y con el don de la profecía que se transformaba en distintas criaturas y cosas.

Juega Robert Eggers con la ambigüedad, incluso al nivel de permitir una lectura donde el farero y su ayudante (que dice llamarse realmente Thomas, que es, se ha dicho, el mismo nombre de su jefe) pudieran ser un solo hombre batallando consigo mismo, con sus demonios internos, con profundidades del alma sacadas al mundo con las peores intermediaciones ritualistas, o si acaso, con ninguna. En todo caso, no hay nada peor que un ritual mal llevado, que la locura del caos sin la conciencia de lo divino.

Esta fenomenal cinta logró nominaciones en los premios Oscar y en los premios BAFTA a mejor cinematografía para Jarin Blaschke (quien ya había trabajado con Eggers en The Witch), y al director le granjeó el FIPRESCI (premio de los críticos a un talento joven que realice cine de arte) en el festival de Cannes y otra buena cantidad de galardones y nominaciones en por lo menos veinte festivales alrededor del mundo. 

El Faro, su horror, su belleza, su enigma, a partir de agosto, en HBO Mundi y HBO GO.

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