El jilguero, un drama estremecedor

20/7 · Por HBO

HBO nos trae El Jilguero, la adaptación de la tercera novela de Donna Tartt, una de las autoras más importantes de la literatura estadounidense contemporánea.

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Para dar inicio al texto podríamos hablar de Donna Tartt, pero aún no. Más bien comenzaremos con La guerra de los treinta años, con los sucesos de finales de mayo de 1618 que llevaron a que dos consejeros de Fernando II fueran secuestrados por una turba calvinista que no quería aceptar a un rey católico. Los representantes, que habían ido a preparar la llegada a Bohemia del nuevo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, fueron lanzados por una ventana del Castillo de Praga y terminaron en un pozo de estiércol. Con vida salieron, pero la ofensa dio inicio a un cruento conflicto armado entre católicos y protestantes que luego se extendió a varias naciones por intereses distintos a la causa original.

Pero aún no Donna Tartt, sino un almacén de pólvora en Delft, ciudad holandesa que resultaba una importante intersección entre Rotterdam, La Haya y Ámsterdam. El depósito fue construido durante aquella guerra, pero se vio sobrepasado en sus capacidades, lo que llevó a que el antiguo convento de Santa Clara también fuese acondicionado para lo mismo.

La guerra finalizó, pero Santa Clara siguió albergando pólvora, demasiada. Fue allí, el día 12 de octubre de 1654, donde se produjo una denotación que derribó unas doscientas edificaciones, mató a cientos de personas e hirió a miles. La tragedia terminaría siendo recordada en los anales de la ciudad como El Trueno de Delft.

Por aquellos años, la urbe había visto nacer una escuela de egregios pintores, entre ellos, Johannes Vermeer de Delft, quien, se dice, tuvo un maestro que le enseñó las maravillas de la luz. Su nombre era Carel Fabritius, quien a su vez fue un alumno aventajado de Rembrandt.

Con treinta años, Fabritius tenía fama de artista excepcional con un futuro promisor. Aquel 12 de octubre, Carel trabajaba una pintura que se le había encargado, y fue así como la furia del estallido lo encontró en su casa, que se vino abajo por completo. Lo sacaron vivo pero en muy mal estado; a los minutos, murió. Nunca sabremos qué maravillas pudo producir Fabritius, no obstante, unos meses antes de su muerte, dejó una muy importante y hermosa: una pequeña pintura titulada El jilguero.

Donna Tartt, la reacia autora de El jilguero

Ahora sí vamos con la autora. En 2013, aparece una novela firmada por Donna Tartt que lleva el mismo título de la pintura referida, El jilguero. Tartt es una autora de publicaciones espaciadas y hasta la fecha ha publicado tres novelas.

En 1992 entregó El secreto, una trama psicológica con ritmo de thriller que se adentra en la vida de un chico que se ha unido a una pandilla exquisita y disipada en la que el crimen termina siendo ajeno al remordimiento. Diez años después editó Un juego de niños (2002), una historia también con elementos de suspenso en el que una mujer va tras la pista de aquel que asesinó a su hermano cuando ellos eran niños. Su tercera y más reciente novela es El jilguero (2013), que le mereció el premio Pulitzer a la mejor obra de ficción.

En la novela, la autora parte, como en sus dos previas, de un personaje niño y de cierto hecho que marca con herida y dolor este momento crucial y formador de vida: a los trece años, Theo pierde a su madre en un atentado con bomba ocurrido en el museo que ambos visitaban. En plenos caos, el chico toma una pintura, justamente El jilguero, y se larga. A partir de allí, Theo irá al encuentro de una cantidad de personajes que determinarán el extravío o el acierto de su existencia errante y maltratada.

El jilguero, la película basada en la novela de Donna Tartt

Siete años después, John Crowley, director de filmes como A Boy (2007), Brooklyn (2015) y de un par de capítulos de True Detective de HBO, adapta esta compleja y hermosa novela. Sin caer en el patetismo, con el equilibrio y la belleza que impregnan el drama, Crowley recorre los avatares del joven Theo, interpretado en su niñez por Oakes Fegley y en su adultez joven por Ansel Elgort (Baby Driver).

Para completar el reparto, Crowley ha elegido actores de primera como Nicole Kidman en el rol de la señora Barbour, quien recibe a Theo como parte de su familia cuando éste pierde a su madre. Jeffrey Wright interpreta a Hobie, un anticuario experto que se convierte en la figura paterna que Theo tanto necesita. Pero también está Boris, un personaje encarnado en dos edades por Aneurin Barnard y Finn Wolfhard. Boris le mostrará a Theo el camino de las drogas y el alcohol. Larry, interpretado por Luke Wilson, es el padre durante mucho tiempo ausente y que aparece cargado de problemas de bebida y de juego. Larry llegará con Xandra, su pareja, llevada a la pantalla por Sarah Paulson.

El jilguero, lo que nos ata al dolor

A todas estas, la pintura robada, El jilguero, estará allí para aportar reflexiones en torno a la autenticidad y el plagio en el arte, pero también como símbolo de la vida y de lo que nos ata a ciertas oscuridades. El jilguero de Fabritius, si se fijan bien, se halla encadenado a la cajita donde se posa. ¿Qué nos encadena al sufrimiento? ¿Un ser amado que partió a destiempo? ¿La falta de sentido en la vida? ¿Las drogas, el alcohol? ¿Qué nos retiene, qué hace que no emprendamos el vuelo del espíritu? Esa pareciera ser, en parte, la metáfora del ave.

Estamos, sin duda, ante un film complejo que busca condensar una obra de mil páginas. Crowley hizo una labor titánica que transmite la fuerza, la belleza y dolor de la obra original. El jilguero, a partir de julio, sólo en HBO y HBO GO.

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