Watchmen, hacia el fin (¿del mundo?)

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Watchmen, ha dado un giro descomunal y nos deja ver que no todo es lo que parecía ser. El racismo sigue estando como tema capital, pero la historia se ha vuelto mucho más compleja en la medida que la serie revela y se expande.

Detrás hay planes. De Adrian Veidt, de Will Reeves y Lady Trieu, planes al fin y al cabo de la mente (criminal) detrás del tinglado de la ficción: Damon Lindelof, quien se alza en definitiva como el Ozymandias de esta impactante serie de HBO que ya está en su recta final.

 Estamos viendo que la historia que creímos iba tan sólo sobre un simple grupo de grandulones supremacistas es mucho más rica, compleja e interesante. Una magnífica metáfora de esto es la propia serie que se encuentra dentro de la serie. American Hero Story: Minutemen cuenta la versión que más le conviene de Hooded Justice, cuando la realidad es totalmente otra, comenzando incluso por el color de piel del héroe.

Desde el inicio, en Watchmen hay algo más allá, algo que viene del fondo y resulta cada vez más aterrador en la medida que nos vamos acercando. Todo estaba ahí, ahora puede verse, todo anunciado, sembrado y aguardando su momento para saltar a la luz.

            Watchmen nada es simple. Salvar el mundo se vuelve un asunto retorcido, perverso, lleno de bajas o daños colaterales; la lucha contra el crimen se asume con un pragmatismo que a todas luces contradice cualquier moral, y un hombre enmascarado no es un héroe de luminosos ideales incapaz de matar a una mosca. El mundo de Watchmen está minado de oscuridades, de ocultamientos, de frialdades de la razón y de pulsiones atávicas que arrasan a los hombres. Vale la pena recordar aquella reflexión del segundo capítulo en la que Hooded Justice, el primer súper héroe del mundo Watchmen, piensa sobre sí mismo:

            “¿Quién soy? Cuando era niño siempre que me veía al espejo descubría a un extraño observándome. Y él estaba muy pero muy furioso. ¿Qué podía hacer yo con toda esta ira, aquella electricidad ardiente y vibrante sin un lugar donde hacer tierra? Me dije que si no podía liberarla, quizás esconderla sería de ayuda. Nunca me sentí a gusto en mi propia piel, así que me hice una nueva, y cuando me la puse encima, aquel otro ser y yo nos convertimos en uno. Su ira se convirtió en la mía, igual que su sed de justicia… Entonces, ¿quién soy? Si tuviera la respuesta, no estaría usando una jodida máscara”.

            ¿Hacia dónde va lo que viene confluyendo? Nuevas sorpresas aguardan, sin duda, pero pareciera, por los mefíticos vientos que soplan, que vamos hacia un nuevo posible fin del mundo.

¿Cómo acabará todo? ¿Quiénes se enfrentarán? ¿Qué terribles armas se lanzarán? ¿Habrá un estallido final? Todo se cierne sobre el mundo, amenazante: Adrian Veidt que escapa, el Doctor Manhattan en su lejano Marte, Will Reeves y Lady Trieu en su alta torre, el mesmerismo, las puertas interdimensionales.

Las gentes se pasean por las calles sin sospechar que hay males, poderes mayores, mentes supremas, dañadas, enloquecidas de poder, gloria y falsa superioridad que planifican su reinado. Su reinado, sí, sobre las cenizas. Pero quién sabe si en verdad nada de esto tenga importancia: la humanidad, en esta serie (¿o en el mundo de hoy?) se antoja un amasijo de seres irrecuperables, lanzados al odio, a la tontería y al daño propio.

            Adrian Veidt, usando a sus torpes clones a su antojo, sacrificando sus vidas vacías en pro de su fuga, para satisfacer su ira en plena cena o para recrear horrendas obras teatrales, es un ejemplo claro de esta absoluta frialdad moral a la que los poderes pueden llegar.

            Watchmen, en su etapa final, no te la pierdas.

            Ahora en HBO y HBO GO.

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