El señor Christopher Robin y su oso de peluche

1/1 · Por HBO

Una comedia familiar protagonizada por Ewan McGregor y dirigida por Marc Foster que se inspira en las clásicas historias de Winnie Pooh.

            Christopher Robin es el nombre del chico que es dueño del osito de peluche que conocemos como Winnie The Pooh o Winnie Pooh, y también de peluches como Piglet (un cerdito), Tigger (un tigrito), Ígor (un viejo burrito), Cangu (un canguro), entre otros. A este chico, lo hemos visto en las cintas de Disney, pero él es también un personaje literario creado (como también el osito y toda la pandilla) por A. A. Milne, o Alan Alexander Milne, el escritor británico de historias infantiles que en 1926 público la primera aventura del osito. Pero, yendo aún más allá, Christopher no es solamente un personaje literario, sino que fue un niño de verdad. Era de apellido Milne y, ya se supondrá, el hijo del escritor. De hecho, el peluche existió en la vida real: Winnie fue un osito manufacturado por la compañía de John Kirby Farnell, la primera en fabricar ositos de peluches británicos por allá por el año 1906. El teddy bear que inspiró al de la historia, es conocido como un Alpha Farnell; el que tenía Christopher, se llamaba Winnie. Pero todavía podemos contar más, y decir que el nombre de aquel osito venía de un plantígrado real. La historia se remonta a 1914, cuando un soldado veterinario de nombre Harry Colebourn, compró un osezno a un trampero en la ciudad de Winnipeg.  Aquel veterinario había nacido en Canadá, pero era de origen británico; así que en algún momento regresó a Inglaterra. Como le tocaba servir en Francia y ausentarse por unos cuantos años, Colebourn dejó a Winnie al cuidado del zoológico de Londres. Tres años después, a su regreso, el oso se había convertido en una sensación y los niños adoraban visitarlo; así que el soldado veterinario terminó dejándolo allá. Uno de los tantos niños que fueron a visitar a aquel famoso oso, resultó ser, justamente, Christopher, el hijo de aquel escritor.

            El verdadero Christopher Robin, de niño, padeció en la escuela que su padre haya escrito aquellos libros usando su nombre y el nombre de su peluche. Los niños se burlaban de él, y se cuenta que hasta tuvo que aprender boxeo para acabar con los chistes. Así, aquel Christopher de la vida real, creció resentido con su padre y con aquellas historias. No obstante, ya de grande, se mantuvo unido a la escritura y a la literatura: abrió una librería y escribió su propia biografía, donde contó sus dificultades de la infancia. Nunca pudo desentenderse totalmente del personaje que llevaba su nombre ni del osito.

            Christopher Robin: un reencuentro inolvidable saca del mundo de los dibujos animados al niño y lo lleva a ser caracterizado por un actor, en este caso el escocés Ewan McGregor. La historia del film, no obstante, no proviene del mundo real. Es decir, aunque la película nos presenta a un Christopher Robin de carne y hueso, seguimos lidiando con el personaje de las historias de A. A. Milne, pero esta vez ya adulto y, en cuanto adulto, desde hace mucho tiempo alejado del Bosque de los Cien Acres, sin contacto con sus viejos amigos peluches que hablan.

Christopher es un hombre con familia, pero tal idea es tan solo un decir, porque vive muy ocupado con su trabajo, tanto así, que está a punto de mandar a su hija a un internado para que no interfiera con su trabajo. Pero no sólo eso: también ha llegado a un nivel en que la compañía le empieza a exigir que realice acciones abyectas, despiadadas, como despedir a una buena parte del personal. Será allí, cuando todo esté muy mal para Christopher, que aparecerá Winnie y lo invitará de vuelta a una aventura al famoso Bosque de los Cien Acres. La historia irá de ida y vuelta, con Christopher y sus amigos en el bosque y luego con los amigos en Londres, en una serie de enredos divertidos y cargados de ternura.

            Quien se encuentra tras la cámara, Marc Foster, es uno de esos directores jóvenes y funcionales que abordan proyectos muy diferentes unos de los otros. Se dio a conocer, por ejemplo, en 2001, con Monster Ball, un drama crudo que le dio nominaciones a los premios de la academia norteamericana y el Oscar a Mejor Actriz a Halle Berry. También ha dirigido filmes de acción pura como Quantum of Solace (2008), de la serie de James Bond, con Daniel Craig encabezando el reparto, o World War Z (2013), con Brad Pitt en el rol protagónico. Incluso dirigió una comedia con cierto toque filosófico, pero hecha para reírse al fin y al cabo, titulada Stranger than Fiction (2006), una pequeña joya protagonizada por Will Ferrell. Pero lo que posiblemente lo haya llevado a estar en la dirección de Christopher Robin: un reencuentro inolvidable fue su lograda labor en Finding Neverland, por allá por 2004. Este film que le dio nuevas nominaciones al Oscar y a los Golden Globe Awards, entre ellas la de Mejor Director en los Golden Globe, recrea un momento de vida de Sir James Matthew Barrie, el autor de la novela Peter Pan. Entre la fantasía y la realidad, la cinta recrea la relación que tuvo el escritor con los niños de la familia Davies y cómo ellos le inspiraron para escribir su célebre clásico. Así que, de aquel lejano y exitoso 2004, Foster trae su experiencia para realizar esta cinta que sin duda tiene mucho que ver con aquel trabajo anterior. El resultado, Christopher Robin: un reencuentro inolvidable es una cinta hermosa, muy humana y al mismo tiempo divertida, con excelentes actuaciones y muy buenas animaciones que le dan vida a los clásicos peluches que durante décadas se han mantenido en el cariño y el recuerdo de sus seguidores.

            Christopher Robin: un reencuentro inolvidable, no te lo pierdas en mayo, por HBO

 

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